Con todas las discusiones que se han asomado en los últimos días sobre el futuro del periodismo, entre las que destacan el eventual paro de los profesionales y la idea de generar una carrera llamada Ingeniería de la Comunicación, no podía dejar pasar la oportunidad para apoyar la primisa que muchas de los cuestionamientos a la disciplina tienen su origen en el perfil mismo de los estudiantes.
Y es que la flojera asoma desde los comienzos de la vida estudiantil. Quizás por la frustación de llegar a la carrera de rebote, o porque sus papás no lo dejaron estudiar lo que quería. En este punto tiene razón Vadim Vidal al decir que “un periodista, es periodista porque no pudo ser otra cosa“. De hecho, en mi universidad las únicas instancias de fraternidad en el curso se vivían para pedir aplazar pruebas o alegar por la carga de trabajo. Definitivamente mediocre.
Pero no soy tan apocalíptico, creo que muchos si estudian con vocación o la descubren en el camino (mi caso). La técnica del periodismo y la Licenciatura de Comunicación Social dan un campo bastante amplio para enfocar los gustos de cada profesional en virtud de sus expectativas.
El problema nace entonces cuando el periodista se ensimisma en una posición omnipotente de conocimiento, apelando al romanticismo que creen dogmático. El periodismo de trinchera que apela a un segundo Watergate, sirve de inspiración para muchos que simplemente no quieren salir del círculo.
Son estos mismos los que critican las nuevas redes sociales y la oportunidad de abrirse a un nuevo mundo. Es inaceptable que alguien que se diga “profesional de las comunicaciones” no centre su atención en Los blogs, YouTube, Facebook, Twitter, por no encontrarle gracia o tacharlo de una “pérdida de tiempo”. Simplemente refleja un comentario facilista de despreciar cualquier avance que los supere.
No hablo de tener una cuenta, participar activamente (que debería ser) o migrar completamente las fuentes de información, si no que entender y aprovechar los canales que brinda Internet como un nuevo recurso. Es como si un chef no quisiera aprender nuevas recetas, o si los futbolistas siguieran jugando con la pelota del mundial del 62.
El periodista debe actualizarse constantemente, al igual que cualquier otra profesión. Es este el llamado urgente a las nuevas y antiguas generaciones. Es esta constante sed por el conocimiento la que deben alimentar las escuelas y lo que finalmente puede diferenciar a la genialidad de la mediocridad.


Sobre los nuevos horizontes
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