Marca aCMe

Desperté con la idea de crearme un blog que hablara de tecnologías y “todas esas cosas raras que me gustan a mi”, como dice mi familia. Por eso empecé a analizar cuál sería el tema más relevante e impactante para llamar la atención de los auspiciadores y hacerme rico a través de este medio.

A pesar de haber tantos puntos llamativos como el acuerdo de Microsoft con el Estado, las Zapatillas Transformers o la demanda que puso Eminem a Apple, no me convenció ninguno. Así que, como buen blogger egocéntrico, opté por hablarles un poco de mi tecnovida.

Fui uno de esos niños que tuvo un Atari 800 XL. Horas pegado a la cassettera esperando que cargara un juego de cuadrados que asemejaban una figura humana y en dónde el enemigo eran naves extraterrestres que bajaban por bloques, así como El día de la Independencia, pero más entretenido.

Luego me tocó jugar con una consola Genius, copia del Nintendo, en donde los videojuegos tenían el porte de un cuaderno universitario y costaban como tres sueldos de mis papás. Finalmente, viví la revolución del Super Nintendo, en la que disfruté mis tardes de ocio escolar. Era tanto el cariño que me acuerdo su precio exacto, $103.800.

En 1995, mi primer PC (el que llegó primero a mi casa, no la particular iniciativa del Gobierno) fue un evento social en mi edificio, era como subir el estrato de la familia a un ABC1 y decirles a todos que llegamos a la “modernidá”. Con él, tuve mis primeros errores de Windows en su versión “3.11 para trabajo en grupo”.

Con el cambio de milenio, y ya inserto en el mundo de Internet a través de un teléfono, di mis primeros pasos como webmaster. Un sitio dedicado a Quake y otro a la lucha libre, generados precariamente con Word y enchuládos con gifs, sonidos, contadores, botones fosforescente, etcétera. Para mi sorpresa, ambos siguen online hasta el día de hoy.

Actualmente, estoy terminando mi carrera de periodismo en la Universidad de Chile y soy uno de los pocos que se interesan por la tecnología como un área factible en donde desarrollarse. Lo cierto es que aunque tenga gustos por la computación, no soy un desquiciado.

Finalmente, quiero aclararles a mis conocidos que:

No se hackerle el Hotmail a nadie

Que me guste la tecnología no significa que sólo se grabar DVD y CD.

No soy computín por tener impresora.

Mis amigos no son nerds de camisa cuadrillé, pantalón y suspensores.

Tecnosexualidad no significa hacer el amor con una multifuncional.

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